Dian Fossey: un mujer entre gorilas con un trágico final

Dian Fossey dedicó su vida a estudiar y proteger a los gorilas de montaña en Ruanda. Fundó el Karisoke Research Center. Su lucha contra los cazadores furtivos culminó de forma inesperada.

El 26 de diciembre de 1985, apareció el cuerpo sin vida de Dian Fossey en su cabaña, con un panga clavado en la cabeza, una especie de machete que pertenecía a la propia Fossey. En la escena se encontraron signos de lucha, lo que sugiere un asesinato violento que nunca fue resuelto. Las sospechas recayeron en miembros de ciertos grupos interesados en detener su labor conservacionista. Así comienza la trágica historia de Dian Fossey, la mujer que vivió y murió entre gorilas.

Dian Fossey nació el 16 de enero de 1932 en San Francisco. Su madre era modelo y su padre, agente de seguros. Desde muy pequeña, Fossey mostró una profunda fascinación por los animales, tanto que a los seis años ya había aprendido a montar a caballo. En 1954, obtuvo su título en Terapia Ocupacional y trabajó en varios hospitales de California. Sin embargo, la vida en la ciudad no era suficiente para ella; su verdadera pasión era estar en contacto con los animales.

El primer viaje a África

El primer capítulo de su libro Gorilas en la niebla empieza así: «Durante muchos años abrigé el deseo de ir a África, por su condición de continente virgen y su gran diversidad de fauna salvaje». En 1963, Fossey decidió invertir todos sus ahorros y solicitó un préstamo de ocho mil dólares, que debía pagar en tres años, para emprender una visita de siete semanas a África. Durante ese viaje, recorrió Kenia, Tanzania, la República Democrática del Congo (entonces Zaire) y Rodesia, donde tuvo la oportunidad de observar y estudiar a los gorilas de montaña (Gorilla beringei beringei) en su entorno natural. Fue en este viaje donde conoció al hombre que cambiaría su vida: Louis Leakey.

Al regresar a Estados Unidos, Dian continuó trabajando como terapeuta ocupacional en Louisville para poder pagar el préstamo bancario. Sin embargo, no olvidó su pasión por los gorilas, y cuando Louis Leakey visitó la ciudad, ella aprovechó la oportunidad para reunirse con él. Leakey la recordaba como «la torpe turista de tres años atrás», pero las fotografías que Fossey había tomado y publicado en varios artículos llamaron su atención. Tras una breve entrevista, Leakey le propuso convertirse en la «chica de los gorilas» para llevar a cabo un estudio de campo a largo plazo.

Los «ángeles de Leakey»

Y así fue, Dian Fossey pasó a la historia como «la chica de los gorilas», igual que Jane Goodall sería la chica de los chimpancés y Biruté Galdikas la chica de los orangutanes. A las tres apasionadas etólogas de primates se las conoce como ángeles de Leakey. Este pensaba, en cuanto a los gorilas, que «el estudio de los parientes vivos más próximos del hombre, los grandes antropomorfos, arrojaría alguna luz acerca del comportamiento de nuestros antecesores».

En 1966, logró el apoyo de National Geographic y la Fundación Wilkie para establecerse en la República Democrática del Congo, en las montañas Virunga, donde existía una de las colonias más grandes de gorilas conocidas hasta ese momento. Pero unos meses después, debido al inestable clima político, tuvo que trasladarse definitivamente a Ruanda, entre los montes Karisimbi y Visoke. Allí fundó en 1967 el Karisoke Research Center (una combinación de los nombres de ambos montes). En 1974 recibió el grado de doctora en Zoología por la Universidad de Cambridge. Y no era para menos, pues a día de hoy, su trabajo de campo no ha sido superado.

Gorilas en la niebla: su legado escrito

En su mencionado libro, Gorilas en la niebla (1983), explica con detalle el comportamiento de los distintos grupos que va encontrando y le pone nombres propios a cada uno de los individuos que estudia. Se ganó paulatinamente la confianza de muchos gorilas imitando su comportamiento y dejando que fueran ellos los que se fuesen acercando a ella: «Dicha aceptación se vio muy facilitada cuando aprendí que la imitación de algunas de sus actividades ordinarias, como rascarse, alimentarse, o emitir vocalizaciones de contento, relajaba más a los animales que si me limitaba simplemente a observarlos y tomar notas sobre sus comportamientos».

El misterio de su muerte

El gran caballo de batalla de la investigación de Fossey fue su lucha contra los cazadores furtivos, que estaban abocando a la extinción al gorila de montaña. Esto le mereció muchas enemistades dentro de Ruanda, aunque también un importante número de defensores que la acompañaron. No obstante, una mañana el cráneo de Dian Fossey apareció dividido en dos por un panga que ella misma confiscó a un cazador furtivo y que tenía en la pared de su cabaña a modo de decoración. De nada le sirvió el arma que apareció a su lado y que intentó cargar; el asesino se apresuró a no dejarla ejecutar su defensa.

Su muerte sigue siendo un misterio, pero se ha especulado que podría haber sido causada por los furtivos contra los que tanto luchó. Fue enterrada en el cementerio de gorilas de Karisoke, cerca de su amigo Digit y otros gorilas asesinados. En la última entrada de su diario se puede leer: «Cuando te das cuenta del valor de la vida, uno se preocupa menos por discutir sobre el pasado, y se concentra más en la conservación para el futuro».

MUY INTERESANTE.-

Comentarios (by Facebook)